viernes, 13 de julio de 2012

Pijadas: VERONA SUENA A VERANO.

NOTA: Primeramente decir que ayer volví a recibir uno de esos mails que me llegan de vez en cuando por parte de algún lector entre borderline y psicópata o, sencillamente, gilipollas que me increpaba por hablar de cosas tan frívolas como la moda con la que está cayendo en España y que, a 24 horas leído, todavía me tiene hablando solo. 

No responderé y ni mucho menos me cagaré en su puta progenitora porque no merece la pena, pero solamente diré que hay que ser lerdo, obtuso e incluso acémila pues gracias a las películas de Chuck Norris, a las novelas de Corin Tellado, a comprarse un bolso que a todas luces una no se puede permitir, a María Teresa Campos o al No soy un Supermán de Bustamante y no precisamente a Milan Kundera o Leonard Cohen, hay mucha gente en este mundo que aun no se ha pegado un tiro de mierda y ha decidido seguir hacia adelante ante tanto despropósito.

"Estamos en crisis!", "España se va a mierda!" "Entonces?" "Pues entonces cerremos los cines!" "Quememos los libros!" y, sobre todo, "Desterremos cualquier atisbo de sonrisa, placer o sentido del humor de nuestros rostros!"

Inteligente postura la de semejante ser...

Björn Andresen como el joven Tadzio.

Pero vayamos a lo nuestro, que no es otra cosa que el hablar de polleces:

Uno que enseña la pollez.

Ya os dije en el último post que me iba de viaje de lujo.... ayyy animalico, que equivocado estaba! Sus cuento:

La cosa empezaba en Venecia. Tres días con sus noches para disfrutar de la ciudad de los canales antes de embarcar en el crucero. Y la verdad es que no pudo irnos mejor:

Venise 1959 © Willy Ronis.

Callejeábamos, huíamos de los focos turísticos, teníamos un hotelaco precioso con unas vistas increíbles al Gran Canal, comíamos en restaurantes en los que el resto de comensales solamente hablaban en italiano y, ante todo esto, uno se sentía como La Hepburn en la peli de David Lean pero sin Rossano Brazzi intentando endiñármela:

Katharine Hepburn en "Locuras de Verano".

Me sentía poderoso y chulimanguis, embriagado por esos canales de agua putrefacta y olor pestilente que conservan todo el encanto de lo decadente, de aquello que un día fue y ya no es nada. Casi como Cecil Fox (Rex Harrison) en esa mierda estéticamente maravillosa que es Mujeres en Venecia:

Póster de "Mujeres en Venecia".

Con la salvedad que me faltaba la compañía de la triste Capucine:


Y la intelectualidad pelirrojera de Maggie Smith:


Pero tuvimos la suerte de ver los cristales de Murano y los encajes de Burano. Vamos, que llegamos a ir a Capodimonte y a la fábrica de hules de Tomelloso y nos hacemos La Ruta del Todo a 100 al completo:

Maggie Rizzer © David Lachapelle.

Y sobre todo de gozar con el Museo Fortuny, que ya me habían dicho que era pa mear y no echar gota, pero del que no me esperaba tanto. No he visto museo más bonito en la vida. Hasta las arañas y las toneladas de mierda que pululaban por sus cortinones son arte puro. 

De esos sitios en los que te apetece ponerte de cicuta o rape hasta el culo y llenar de cianuro la copa de algún indeseable:


© Museo Fortuny Venecia.

Para que os hagáis una idea:

© Museo Fortuny Venecia.
© Museo Fortuny Venecia.
© Museo Fortuny Venecia. 
© Museo Fortuny Venecia.

La única pena es que la exposición dedicada a Diana Vreeland había terminado dos días atrás...:

Diana Vreeland © Horst P. Horst.

Así que me quedo con las ganas de ver las prendas que La Schiaparelli diseñaba para ella en exclusiva:

© Museo Fortuny Venecia.

O esas editos acojonantes que realizaba para Harper´s Bazaar:

Antonia in Yves Saint Laurent for Harper´s Bazaar, 1962 © Melvin Sokolsky.
Donna Mitchell for Harper´s Bazaar, 1963 © Melvin Sokolsky.
Tilly Tizzani & Iris Bianchi for Harper´s Bazaar 1962 © Melvin Sokolsky.

Pero como la flor que alberga mi culo ya alcanza tamaños de secuoya nos encontramos con una exposición sorpresa de uno de mis dioses, ELLIOTT ERWITT. Míralo aquí que majete portando una de mis fotos favoritas de todos los tiempos:

Elliott Erwitt © Tim Mantoani.

Y la gozo, la gozo tanto como Sofía Cristo Rey en una rave:

© Elliott Erwitt.
© Elliott Erwitt.
© Elliott Erwitt.
© Elliott Erwitt.
© Elliott Erwitt.
© Elliott Erwitt.
© Elliott Erwitt.
© Elliott Erwitt.

Pero todo lo bueno se acaba y tras perderme por las calles de Venecia (que siempre había oído que era uno de los placeres de la vida...pero coño! Si luego encontrase algo, todavía! pero cuando llevas dos horas caminando en círculo el encanto se convierte en encabronamiento. Nada grave, tampoco os vayáis a pensar) llegó el infierno hecho barco.

Si por lo menos hubiese sido un infierno como al que Clouzot sometió a la dulce Romy pues todavía:


Pero no, este infierno era mucho más desagradable. Este era de los de meterte en caldero ardiendo y pincharte las nalgas con tridentes.

Yo que me esperaba una tripulación con pantaloncitos cortos y calcetinicos blancos a media pierna, todo sonrisas mientras te cuelgan un collar de flores al cuello y nada!,  en vez de eso me encuentro una tripulación arisca que te pide la documentación con cara de estar hasta los cojones de todo y un poco más y te marca a fuego como a una res:

Los culpables de mis altas expectativas.

Pero los controles eran una fiesta comparado con lo que veríamos una vez pasado el umbral de seguridad y entrado en el barco. Fue en ese momento, y solamente en ese, cuando nos dimos cuenta que iba a ser una semana muy larga...


Y que yo me sentiría, en mi pijerío y mi clasismo siempre disimulados bajo una pátina de normalidad, como Tallulah Bankhead en Náufragos:

Tallulah Bankhead en "Náufragos".
Tallulah, diosa, Tallulah grande, Tallulah núcleo, Tallulah eje!

Pues nada más entrar, cual Rocco Sifredi a Beatrice Caracciolo, nos metieron la primera por la boca y sin tiempo a reacción... EL BUFFET LIBRE!:


Y es que 4000 personas en un barco son muchas personas y si encima son unos cafres con todo incluido pues aquello deja El Festín De Babette a la altura de un convite en Biafra

Bandejas que portaban montañas de patatas fritas, gordos sin camiseta que se sentaban a tu lado y engullían 17 gofres (os lo juro) con su nata y su chocolatón a la hora del desayuno sin atisbo alguno de cansancio, gente que parecía apostar a ver quién palmaba primero a causa de una indigestión y, sobre todo, ganas de potar cada cinco minutos por tener que presenciar espectáculo tan dantesco:

© David Lachapelle.

Para que os hagáis una idea en el restaurante a la hora de cenar compartíamos mesa con una madre y una hija que eran como clones de Jabba The Hutt una y todo lo contrario a Carrie Fisher antes de abandonarse a las drogas y la bulimia, la otra. Primer día:

YO: De primero quiero la ensalada y de segundo el salmón.
JABBA: Sabes que puedes pedir todo lo del menú ¿no? Los cuatro primeros, los cuatro segundos y los dos postres. Y que es todo gratis!
YO: Ah ya, muchas gracias, pero es que yo soy de cenar un primero y un segundo como mucho. Ya más me parece como de competición de esas de a ver quién se come más de quince perritos calientes en un cuarto de hora.
JABBA: Sabes que puedes pedirte todo el menú ¿no?.
YO: Sí, sí, ya me lo ha dicho señora.
JABBA: Ah, es que como sigues pidiendo tan poco igual pensaba que no me había explicado bien.
YO: No señora, se ha explicado estupendamente, lo que pasa es que no sé si se habrá fijado pero soy un ser humano, no un toro de lidia.
JABBA: Yo creo que no te has enterado. ¿Sabes que puedes comerte todo el menú gratis?.
YO: Señora! Usted de conversación más bien poquita ¿no?.
JABBA: ¿Vas a comerte tu pan?.
YO: No señora, no...
Así que hartos de tener que esperar entre plato y plato como dos horas y cuarto para que las señoras pudiesen engullir toda la carta tranquilamente, decidimos no bajar nunca más al restaurante:

Mis compañeras de mesa a punto de deglutir treinta flanes Dhul.

Y luego estaba el momento ¨me doy de hostias con una gorda de Bratislava porque hay menos hamacas que gente". Que mira que le gusta a un guiri ponerse como los cojones de un grillo!:

Donatella ilustrada.

Así que me iba al Area Zen del barco, zona en la que se suponía que no estaban permitidos los niños, aunque cuando uno se metía en esa piscina templada por los meados y al nadar chocaba contra todo tipo de artilugios natatorios, desde burbujas a flotadores, pues como que le entraban ciertas dudas... el niño que se caía encima de tu cabeza al hacer una bomba, te las disipaba:

Ay Chicho, si yo te contara...

Y mientras, los observaba como el que observa una naturaleza muerta y putrefacta:

© David Lachapelle.
© David Lachapelle.
© David Lachapelle.
© David Lachapelle.
© David Lachapelle.

Luego también estaba el tema excursiones, que consistía en atracar durante unas horas (pocas, que el amarre sale muy caro y en alta mar, la gente con el aburrimiento, consume más y mejor dentro del barco) e intentar visitar lo máximo posible en un tiempo récord para hacerse las fotos consabidas y enseñar luego a las amistades la cantidad de países y ciudades que uno "ha conocido":

BARI

Nada reseñable, una mierda de ciudad que solamente me hacía gracia por recordarme a Nicola di Bari. El Fary macarroni. Aparte de eso, ciudad portuaria e industrial donde las haya:

El Fary de los italianos.

ESTAMBUL

La culpa de todo la tiene Alan Parker, que ya uno baja con miedo y se imagina recibiendo visitas en chirona de su señora a teta descubierta para encontrar un poco de desahogo y sin derecho ni a un mísero bis a bis. 

Luego llegas allí y la cosa no es para tanto, encontrándote una ciudad cosmopolita en las tres horas que te dan de excursión. Así que hala, tira millas que hay que visitar las mezquitas y Topkapi

El olor de pies en la Mezquita Azul es insoportable, el guardia que me vigila para que no fotografíe los kaftanes también, las colas interminables ya ni te cuento y la pareja que va con nosotros con ganas de verlo todo en cinco minutos pelándosela cualquier sala llena de joyones y soñando con el momento de llegar al Gran Bazar para hacerse con un Louis Vuitton de palo, más todavía. 

Volveré como es debido. Con tiempo y señora. Nos enchironarán por escándalo público, ya lo veréis. El caso es no salvarse del momento trena:

La razón de mi fobia a delinquir.
Brad Davis © Harry Langdon.
Melina Mercoury en "Topkapi".


Y es que esto del exotismo de Oriente es lo que tiene, que uno se ve toda la filmografía de Von Sternberg y se cree que allí donde vaya que le sellen el pasaporte se va a aparecer la Dietrich vestida por Travis Banton poniendo como pincho moruno a galanzotes de la talla de Gary Cooper

Así que al final lo que uno pensaba que iba a ser una stravaganza del tamaño de Marruecos...:


... se convierte en toda una Fatalidad!:


EFESO & OLYMPIA

Aquí es como ir a Rocadura. Te enseñan cuatro piedras y se quedan más Panchos que Villa. Éfeso todavía tiene un pase (de hecho es cojonudo), pero Olympia... lo de Olympia es de juzgado de guardia!.

Tú llegas allí y te dicen bajo un sol de justicia mientras la chicharra ensordece tus oídos: "a continuación vamos a ver un estadio olímpico con capacidad para 45.000 personas. El más grande de toda la Grecia Clásica!" Y tú ya te imaginas poco menos que a Antonio Rebollo encendiendo el pebetero olímpico, pero no, en su lugar te encuentras dos bases de columna en medio de un enorme solar lleno de cardos a los que acompaña tu cara de gilipollas.

"Es que hay que imaginárselo", dice la guía con sus dos cojones. Pues vale.

A mi es que estas cosas que tienen interés por lo que han sido más que por lo que son, como que no. Lo dicho, una jodida visita a Rocadura:

John Goodman, Elizabeth Perkins & LIZ en "Los Picapiedra".

Si por lo menos pusiesen por ahí a un par de musculocas haciendo el gamba en plan friki, yo que sé...:

Greg Louganis © Herb Ritts.

DUBROVNIK

Precioso, precioso, pero el problema de siempre. Tres horas de visita y el pueblo infestao porque bajamos todos los putos barcos a la vez. ¿Qué decir?, pues nada, que es para volver en mejores circustancias y disfrutar de esa costa cristalina, que no puede haber resurgido uno más pronto de sus cenizas y que a mi me hablas de Yugoslavia y solamente me viene a la cabeza Emir Kusturica, que sí, que muy serbio y muy todo pero, en mi ignorancia infinita, croatas, serbios, bosnios y turolenses me suenan todo a lo mismo. Soy de apaleamiento en plaza pública, lo sé, pero hay que quererme igual. Que le vamos a hacer.

Así que un Gato negro (Gato blanco) que os coméis:

Chat Noir © Anasteles.

Y que calor, por Yves! No he visto yo a tanta gente junta sudar tanto en mi vida!:

Liv Tyler © David Lachapelle.

Y con esto se acaba el viaje en barco y mi llegada definitiva a tierra:

Cualquiera al tomar tierra firme después de hacer un crucero con MSC.

PADUA 

Así que una vez alejados del populacho, al que por rango y economía pertenecemos pero que por actitud se nos queda pequeño, volvemos a tomarnos la vida con tranquilidad y nos alquilamos un coche hasta Padua, que a mi me suena como a marca de cálida mantería:


Pero antes una breve parada en Vicenza para ver la Villa Rotonda esa que Palladio tiene por allí con su consabida planta absolutamente simétrica (y cuyos grotescos fotografío impunemente con la idea de hacer un estampado pasándome por el pirindolo la advertencia del aburrido segurata de estar totalmente prohibido hacer ni una mísera instantánea):

Planta Palladina.

Pues bien, llegamos a Padua y me encuentro de pronto en una ciudad maravillosa con un casco antiguo impresionante que en nada tiene que envidiar a esa Venecia de canales llenos de góndolas de cartón piedra y turistas dispuestos a perder dos horas de su vida haciendo cola ante un templo en el que luego solamente estarán minuto treinta.

Os juro que no he visto tant@ estudiante guap@ y estilos@ en mi vida! Que maravilla de todo, que maravilla de noche, de plaza, de comida, de ambiente y de vida. Que se sentía uno poco menos que como la Dorothy de aquel hermoso Verano del 42 entre tant@ universitari@ atractiv@:

Jennifer O´Neill en "Verano del 42".

Anda que no molaba la tita de Tatum en su faceta como modeli:

Jenniffer O´Neill © Irving Penn.
Jennifer O´Neill for Lanvin © Francesco Scavullo.
Jennifer O´Neill © Franco Rubartelli.

Y aquí llega lo mejor. La experiencia con la que echo el lagrimón. Nuestra visita a la Capilla Scrovegni de Giotto. Solamente por eso ya merece la pena todo el viaje. Que emoción de todo!. Casi levito! Allí solo, sin nadie alrededor, inmerso en una de las capillas más bonitas que el mundo haya visto, con ese cielo de lapislázuli absolutamente surreal... y ni un flash, ni un japo con sombrilla y ausencia total de niños corriendo. Solo yo... bueno, yo y una silenciosa señora que vigilaba para que no me llevase media capilla a casa. Casi orgasmizo allí mismo, y eso que no soy yo de ponerme muy ascético con estas cosas:

© David Lachapelle.

VERONA

Así, después de dos días en tan fantástica ciudad, cogemos y nos vamos a Verona para ver a la emperatriz Aida sufrir como una perra por amor en la famosa ópera del amigo Verdi:

El bueno de Giuseppe.

Lo hacemos en un marco maravilloso, la Arena de Verona, un coliseo romano que ha cambiado los gladiadores por el bel canto y que, entre el calor, la gente distendida, descalza y despreocupada que conformaba el público, los vendedores de refrescos que en los intermedios gritaban a viva voz su escasa oferta y esas velas que todo Dios encendía antes de comenzar el espectáculo, me recuerdan a los cines de verano de cuando España era España y no soñaba con falsas ínfulas de modernidad que al final han acabado por devorarnos. Y uno piensa que en vez del Pieta Ti Prenda del Mio Dolor, te va a salir la banda del pueblo a tocar el Paquito Chocolatero.

Otra experiencia memorable. Viva la Antigua Roma!:

Raquelilla repartiendo estopa.

Así que en Verona pasamos de ir a ver la casa de Julieta, la tumba de Julieta y todo lo que se han inventado que existe en esa puta ciudad acerca de Julieta con la simple finalidad de vender candados. Principalmente por tres razones:

1. Porque no pienso tocarle una teta a una niña de 14 años.
2. Porque ir a ver la casa donde ha vivido un personaje ficticio por obra y gracia de que a alguien le haya salido del coño decir que ha vivido ahí como si a mi me da por decir que en mi casa ha nacido SuperLópez, se me antoja ridículo.
3. Porque es el único sitio de todo Verona que está infestado de turistas chungos y ya había cubierto el cupo pa los restos.

Y mira que soy fan de la historia de esos dos lerdos que en apenas cuatro días de relación se juraron amor eterno. Ayyy estas chiquillada, que impulsivos que me son, de verdad!. 

Con decir que hasta me gusta la versión-coñazo de Zefirelli...:

Leonard Whiting & Olivia Hussey © Norman Parkinson.

Aunque mi preferida es esa de la MGM, cuando la Metro era mucha Metro y no reparaba en gastos, con el melifluo de Leslie Howard, la birolez de Norma Shearer, John Barrymore haciendo de Mercutio, un Basil Rathbone pre Baker Street encarnando al mejor Teobaldo Capuleto que el mundo haya visto,  unos decorados de infarto obra de mi amado Cedric Gibbons y un traperío del gran Adrian que quitaba el sentido:


Que mira que me era fea la Shearer!:

Basil, en ti creemos!

Y ya no os hablo de aquella marcianada maricona que en su día se marcó Bazz Luhrmann porque me dan las ocho de la tarde. Maravilla, maravilla:

Leo & Claire © Norman Jean Roy.

Pienso que todo tiene que ver con mi extraña pulsión por las Lolitas:

© Willy Rizzo.

Pero sigamos con Verona y otro sorpresón inesperado... una expo maravillosa de Robert Capa! Ese hombre que retrató como nadie la miseria, sobre todo la nuestra. 

Solamente por ser conscientes de donde venimos merece la pena ver su obra de vez en cuando. 

Y yo la gozo:

© Robert Capa.
© Robert Capa.
© Robert Capa.
© Robert Capa.
© Robert Capa.

¿Mi parte preferida? Esa sala en la que está la famosa fotografía de Pablito sombreando a La Gilot y, a continuación, las diferentes versiones que han hecho de ella un montón de niños veroneses. Esos locos bajitos, hasta que se vuelven unos seres ruidosos e impertinentes, debo reconocer que nos dan mil vueltas en todo. La falta de prejuicios, supongo:

© Robert Capa.

Y así se acaba mi viaje. Mezcla entre horror y placer máximo. Y es que como dice Merche: "Una de cal y otra de arena" (por cierto, que nunca he sabido cual es la buena y cual es la mala...).

Solamente me queda ya ilustrar mi vuelta a España:

Así tenía la boca a Ava de tanto comer rabo de toro al lado de Cabré y Dominguín.

Y como, después de tanto despropósito, me recibió mi mujer:

Amor en tiempos revueltos.

Ayyy, que verano este...

Mujer preciosa.
Película preciosa.


5 comentarios:

  1. Tú deberías tener varias páginas en VOGUE, porque seguro que tus artículos iban a resultar más instructivos e inteligentes que los de "Somos mayores a los 30", "Todo lo que nos podemos operar" o "cómo combinar el puto color menta".

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  2. WilliamItWasReallyNothing13 de julio de 2012, 7:58

    Ahora solo falta ver TUS fotos para rematar la faena.

    Capa y Erwitt, no tienes una flor, tienes los jardines de Luxeumburgo, ¡cabrón!

    La cal es la buena. Cuando no había cemento, los ladrillos se fijaban con mortero, que era una mezcla que se hacía con una pala de cal (caro y escaso) y otra de arena.

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  3. Que gusto da leerle y que arte uniendo imágenes !!!
    Como siempre ,FELICIDADES!!!

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DI ALGO COÑO!